Es probable que alguna vez hayas escuchado hablar del término “arte emergente”, un concepto que día a día va creciendo en la sociedad. Necesitamos proteger y alentar el caudal de talento de los jóvenes artistas porque ellos amplían la cultura de nuestra sociedad. Sin ellos, el arte se anquilosa y pierde interés.

 

¿Qué es el arte emergente?

 

El arte emergente comprende a todos aquellos artistas que acaban de empezar su carrera, un sector joven, de no más de 45 años por lo general. Buscan ser reconocidos y obtener apoyo para seguir avanzando en su carrera artística, momento en el que es importante tenderles una mano, que alguien, una galería por ejemplo, los descubra y les ayude.

En el arte emergente anida el propósito de modernizar la sociedad. Ésta debe hacer un esfuerzo por apoyarlo y a cambio los artistas deberían renovar la cultura con nuevas obras, diferentes propuestas y una mirada innovadora.

Apoyar el talento artístico constituye una de las claves para el crecimiento de la cultura. Invertir en obras desconocidas que emplean nuevos lenguajes o técnicas creativas puede ser muy beneficioso a largo plazo. Para ello hay que comprenderlas y apoyarlas en el presente.

Con buen criterio, en Barcelona, se llevan a cabo iniciativas como la feria SWAB de arte contemporáneo, que lleva años mostrando al mundo algunas de las obras más disruptivas e innovadoras de la escena actual. Es una forma de descubrir nuevos artistas y nuevas formas de expresión artística, al mismo tiempo que contribuye a su difusión entre el público en general y ante las galerías especializadas.

El arte es parte esencial de la cultura y comprenderlo contribuye a enriquecer a la sociedad, impidiendo que se quede en una mera mercancía, una moda sin sentido y sin alma.

 

La tecnología en el arte y en el diseño emergentes

arte que emerge

 

No hay duda de que el arte que emerge nos sorprende por la utilización de materiales más sofisticados y de tecnologías novedosas. La tecnología permite obras que no imaginábamos posibles y que abren interrogantes sobre el mundo y nuestra presencia en él. Muy a menudo, la filosofía y al arte han ido de la mano. En la actualidad, la mayoría de las propuestas de artistas emergentes muestran su compromiso con el planeta, con la conservación del medio ambiente terrestre y marino mediante ingeniosas soluciones formales que provocan la sonrisa cómplice al espectador.

En el panorama actual se ven todavía algunas pinturas y esculturas convencionales, pero también encontramos lienzos que de pronto se iluminan dejando a la vista elementos que estaban escondidos, o un vestido rociado con spray y esculpido directamente en el cuerpo de una modelo, como pudimos ver en la semana de la moda de París con la marca Coperni y Bella Hadid como maniquí. La propuesta de Coperni se ha hecho viral porque cuestiona la frontera  entre el arte y el diseño pues, aunque el vestido sea un producto industrial, ¿no es también una manifestación de nuestra manera de entender, vivir y mostrar nuestro cuerpo? ¿No muestra lo efímero de la existencia y la evolución de nuestro estilo de vida?

Podríamos afirmar que la ciencia y la tecnología desempeñan un papel básico en el arte y el diseño actual. Y como diseñadoras nos parece que, en la actualidad, a menudo el arte es más banal de lo que nos gustaría, y el diseño abre puertas más interesantes de lo que cabía esperar.

 

¿Está todo permitido en el arte que emerge?

Tal como pudimos ver en el Swab de Barcelona hace sólo unos días, cada vez se crean más obras que pretenden denunciar el cambio climático, reivindicando cambios profundos del modelo económico. Encontramos pinturas perturbadoras en las que se representan personajes en un mundo post nuclear o un gorila despellejado que huye de un bosque en llamas, esculturas de animales deformes, sin ojos, y una paloma disecada. ¿Es necesario todo esto? ¿Son necesarias obras de arte que no son atractivas visualmente y que incluso provocan rechazo? ¿Sólo pretenden llamar la atención?

Vivimos en una sociedad de hiperconsumo que cada vez necesita más estímulos, más novedades. Ello también afecta al mundo artístico, sobre todo al emergente, que se ve presionado por crear constantemente algo distinto, hasta el punto de obras que carecen de sentid estético o presumen de una provocación ridícula.

En este contexto encontramos artistas que han alcanzado fama mundial y precios desorbitados por obras cuestionadas desde muy diferentes puntos de vista.

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Damien Hirst, por ejemplo, es uno de los artistas plásticos más cotizados del momento y además el artista vivo más rico del Reino Unido.

Su obra está basada en la provocación y en generar escándalo. De esta forma alcanzó la fama su serie Natural History, una colección de cadáveres de animales metidos en depósitos de cristal y acero y preservados en formol, desde una vaca, a un enorme tiburón tigre.

Una obra pasmosa y polémica que muchos expertos y críticos no consideran arte. Hay artistas con mucho talento que trabajan diariamente su técnica con un mensaje cargado de contenido y un admisible resultado estético, y otros que parecen haber tocado la tecla del revuelo y el griterío para llamar la atención, una palanca que los ha llevado directamente a la fama y a la cotización desorbitada.

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Jeff Koons es otro artista de dudoso valor artístico. También, junto a Hirst, es uno de los más cotizados del mundo y a la vez de los más criticados.

La clave de su celebridad reside en la amplia publicidad de su obra. Koons constituye un ejemplo de que una buena promoción de tu trabajo puede llegar a ser más importante que hacer bien el trabajo. En su caso, experimenta con objetos cotidianos de valor mínimo pero enfocados al mass media, con lo que intenta hablarnos sobre los sueños de la clase media y la búsqueda ansiada de la fama y el dinero, algo que él mismo ha conseguido.

Uno de sus trabajos más notorios, el Balloon dog, consiste en recrear un globo retorcido en forma de perro. Su arte es una celebración del consumismo, que ya exploró el pop-art hace más de cincuenta años, lo que bien podría ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos.

 

Por otro lado, hay un gran abanico de artistas reconocidos por crear obras de arte indiscutibles. Bellezas que surgen y se reconocen tras una trayectoria de evolución y trabajo continuo con unas técnicas de resultados brillantes.

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Guillermo Lorca es considerado uno de los 100 jóvenes líderes de su país natal, Chile, un pintor que sorprende y admira por sus pinturas de gran formato en las que plasma fantasías infantiles con un toque sombrío, como cuando un niño sueña que el vacío lo devora. En sus obras trata temáticas como la violencia, la sensualidad, la inocencia y la niñez.

Influenciado por el clasicismo realista, Guillermo Lorca pinta óleos que reflejan un mundo paralelo e inquietante, repleto de niñas angelicales con cabellos de colores, animales exóticos y criaturas desconocidas. Mezcla la magia y el realismo en escenas dramáticas que componen un aventurado equilibrio entre la belleza y el horror, el deseo y el placer, el miedo y la paranoia.

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Miquel Barceló es uno de los artistas contemporáneos españoles más cotizados y reconocidos internacionalmente.

Su trabajo comprende desde pequeñas ilustraciones, hasta extensos murales, libros, lienzos de gran tamaño, esculturas, etc. Todo un abanico de obras en las que plasma su energía y carácter, junto a la agresividad que identifica su trabajo, además de su influencia e interés por la naturaleza. Una naturaleza que se inspira en el Mediterráneo y África, mezclando la tierra y el mar.

Su obra es un sin fin de creación original que de momento no tiene intención de parar, para bien del arte contemporáneo.

 

arte que emerge

 

Artistas como Jenny Saville destacan por el contenido de su obra, inquietante, ejecutada con maestría y mostrada de una forma nueva y única que no deja indiferente al espectador.  Con ella, el arte sirve para cuestionarnos, para avanzar en el conocimiento sobre algo que afecta a nuestra sociedad y para deleitarnos con algo bello, en el más amplio sentido de la palabra.

 

arte que emerge

 

El mundo del arte no deja de sorprendernos con diferentes técnicas y estilos que se plasman en pinturas, instalaciones o esculturas, mezclando tecnología y todo tipo de materiales, incluso elementos que nunca imaginaríamos en una obra de arte.

Muchos de los artistas emergentes contemporáneos tratan con sus obras de mostrar los problemas relacionados con el medio ambiente y el cambio climático, con duras críticas a la inacción social para solucionarlos.

Si el arte es uno de los pilares básicos de la cultura ¿es suficiente que se base en la denuncia, en mostrar ingeniosas soluciones formales o en llamar la atención? ¿Podemos dejar de lado la belleza, la armonía y las emociones que surgen de ambas?