Parece que hablar de los errores propios es contraproducente, pero lo cierto es que nadie escapa de ellos. Parece que equivocarse es poco o nada profesional, pero personalmente amo a los errores.

Los errores y las dificultades son siempre obstáculos para esa perfección que buscamos en cada plano y en cada rincón de los espacios que creamos.

Qué delicia sentimos cuando todo cuadra sobre el papel y las líneas encajan con fluidez, o cuando comprobamos durante la construcción de una obra cómo queda todo dispuesto exactamente como habíamos previsto.

Pero debo decir que el proceso es infinitamente más interesante y el resultado es muy superior cuando las cosas no son fáciles.

Es sorteando los obstáculos cuando sacamos lo mejor de nosotros mismos. Es la adversidad la que nos brinda la oportunidad de superarnos y sólo cuando nos equivocamos nos esmeramos de verdad por aprender más y por hacerlo todavía mejor.

En Marina Sezam nos gustan los errores porque cuando aparecen, los exprimimos tanto como podemos para beber su jugo e incorporar sus nutrientes para los siguientes proyectos.

En cada equivocación reside una oportunidad única para conocer mejor nuestros límites, nuestras cualidades y nuestras aptitudes. Explotamos el error para que nos aporte toda la información que hasta el momento de su aparición habíamos obviado. Y eso es muy revelador.

Perseguimos la perfección y la excelencia con cada nuevo proyecto porque sabemos bien que sólo así podemos obtener un buen resultado, pero si el error aparece, no intentamos eliminar su interferencia, sino sacarla a la luz y conocerla bien, para lidiar con ella, integrarla o modificar lo necesario.

Cada nuevo error supone un reto y en Marina Sezam, lejos de gustarnos el éxito fácil de repetir lo que ya sabemos que funciona, los retos constituyen estímulos para continuar avanzando y ser mejores diseñadores cada día.

Por todo ello, hemos querido desde aquí, poner nuestro granito de arena para ensalzar las bondades del error, sin el cual, nuestro trabajo se convertiría en una aburrida colección de éxitos, porque como dijo Truman Capote, el fracaso es el condimento que le da al éxito su sabor.

 

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